A propósito de Arrival y Toni Erdmann

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Dado cómo está el patio doméstico y el (des)concierto internacional, no sé si llamar a los heptópdos de la doctora Banks o a Toni Erdmann y su repertorio trash. Una cosa parece clara: atrapados como estamos en este sistema que algunos definen precisamente porque “no hay afuera”, hay que buscar algún modo que nos permita salir y llegar de nuevo, tenga ese extrañamiento forma de alienígena o de sujeto de aspecto perfectamente asimilado pero que gracias a una peluca, dientes postizos y una extraordinaria capacidad para la extemporaneidad, nos ayude a recuperar la mirada sobre nosotros mismos. Buen domingo y buen cine!

Arrival en blog Eva Muñoz

Toni Erdmann en blog Eva Muñoz

 

Diego Martin-Etxebarria: ”La música no professional és la que determina la cultura musical de la societat”

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Entrevista amb el director d’orquestra Diego Martin-Etxebarria, que demà dirigirà l’Orquestra Simfònica del Vallès al Palau de la Música.

Guanyar el Primer Premi del Concurs Internacional de Tòquio el 2015, que feia quinze anys que es declarava desert, va brindar al jove director Diego Martin-Etxebarria (Bilbao, 1979) la possibilitat d’entrar definitivament en el restringit circuit internacional de la música simfònica. Des d’aleshores, malgrat que resideix a Berlín, no para de viatjar. És el destí dels directors freelance, una circumstància que no sembla inquietar-lo, sinó que, contràriament, li ofereix l’oportunitat de treballar amb formacions musicals de tot el món i debutar en alguns dels millors teatres. En una temporada en què, ens explica, hi haurà “molta òpera” en la seva agenda professional, ve a Barcelona per dirigir l’Orquestra Simfònica del Vallès interpretant Els planetes de Holst. 

Podeu llegir l’entrevista aquí.

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Apocalipsis medioambiental

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Con Algo, ahí fuera, el periodista y novelista Bruno Arpaia nos sitúa sitúa en el largo infierno que precedería a la extinción de nuestro mundo. O, en todo caso, en el mundo inhóspito hacia el que nos encaminamos. Basta con que la temperatura global del planeta suba algunos grados más.

Bruno Arpaia en blog Eva Muñoz

Reseñé el libro en el Cultura/s del sábado 14 de enero en La Vanguardia.

Podéis leer la reseña completa aquí:

Enrico Fermi sostenía que, dado el tamaño del Universo, había muchas probabilidades de que se hubiera dado vida en otros planetas, pero ya se habría (auto)extinguido: eso explicaría la falta de contacto. Algo, ahí fuera, del periodista y escritor italiano Bruno Arpaia, no nos sitúa en la extinción, sino en el largo infierno que la puede preceder. O, en todo caso, en el mundo inhóspito hacia el que nos encaminamos, ciegos de vanidad, avaricia y, desde luego, estupidez colectiva. Una distopía que no acontece en un futuro lejano sino en este mismo siglo: basta con que la temperatura global del planeta suba algunos grados.

Dos tiempos: el ecuador del siglo y apenas una treintena de años después. En el segundo tiempo, que es el presente del relato, Livio, el protagonista, atraviesa Europa con una tropa de desheredados. Son centenares, algunos miles. Proceden de toda Italia con el objetivo de alcanzar Escandinavia. La temperatura del globo ha aumentado seis o siete grados, el nivel del mar ha subido doce metros. Ya apenas son habitables las zonas árticas o antárticas del planeta: Rusia, Escandinavia, Islandia, Canadá, Groenlandia… Sólo en esa fortaleza custodiada sin piedad persiste la vida tal y como hoy la conocemos. El resto del mundo es un inmenso erial surcado por caravanas de desplazados que rivalizan entre sí por el agua y la comida. Los estados hace tiempo que desaparecieron. Desde ese escenario, Livio rememora una vida anterior con una mujer, un hijo, cuando ambos, llegados de Italia, eran investigadores en Stanford, en unos Estados Unidos que se degradaban política y medioambientalmente a ojos vista y que son epítome de la decadencia de nuestro mundo.

No estamos ante la hondura ni la brillantez literarias de Cormac McCarthy -eso son palabras mayores-, pero sí ante una novela estimable, que se lee de un tirón y que tiene en la fuerza visual una de sus grandes bazas que, a su vez, la ponen en relación con otras ficciones distópicas del cine y la literatura, de la referida La carretera a Mad Max. Pero también la traen mucho más cerca. Y es que ese avanzar penoso de la columna de desesperados remite a las peores experiencias del éxodo pasadas y presentes, a cualquier telediario… Lo que verdaderamente nos inquieta de la novela de Arpaia es que, esta vez, los “otros” somos nosotros.

De la cuina als salons vienesos seguint les passes d’Ignatz S.

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Festival de valsos i danses en Eva Muñoz blog

      Feia estona que el jove Ignatz S., que havia arribat pocs dies abans de l’acadèmia militar en la qual havia passat els darrers sis anys de la seva curta vida, s’avorria sobiranament en el saló d’aquella casa benestant. Anava i tornava de la biblioteca, on els homes fumaven i intercanviaven xafarderies més o menys pujades de to, al saló, on les senyores i els senyors intercanviaven recomanacions i informacions sobre casaments, naixements, defuncions i l’activitat professional de familiars i amics, i grups de noietes de pell transparent i vestits clars esperaven que algun jove com ell (bé, ell no era exactament un bon partit: del seu cognom patern —entre nosaltres, Strauss— no en podia fer servir sinó la inicial) les tragués a ballar el minuet. El minuet! «Si fos aquella altra dansa!», pensava Ignatz, que, deslliurant-se no sense una fiblada de culpa de l’esguard de la joveneta que el mirava des de l’altre costat del saló amb ulls de gasela, va esmunyir-se escales avall fins a arribar a la cuina, on la seva mare, tan daurada i voluptuosa com les menges brillants de les safates, regnava davant dels fogons i maldava perquè la petita comunitat sota les seves ordres acabés d’enllestir el sopar… Era inútil, l’Ignatz acabava de treure el violí i les minyones i les cambreres i els mossos i els cotxers, tots, rodaven i rodaven en aquell espai acollidor i ple d’aromes suculentes… De seguida se’ls va afegir el jove Johann, no gaire més gran que l’Ignatz i molt més que un germà de llet —si eren dues gotes d’aigua!—, i també el Johann pare, que, tot sigui dit, es trobava molt còmode al pis de sota i discretament pessigava totes les coses on desitjava clavar les dents, començant pel darrere de la cuinera…

…Bé podria haver estat així. Entre bastidors, he sentit a dir que el dia 17 de desembre l’Orquestra Simfònica del Vallès presentarà per primer cop en una sala de concerts una peça d’Ignatz Strauss, fill desconegut de Johann Strauss, el pare, i l’autèntica baula perduda en l’esdeveniment d’un moment clau en la història de la música: l’apoteosi de la música popular, que arriba amb els Strauss a la categoria de música simfònica…

Voleu saber com acaba aquesta història? Doncs veniu al concert de valsos que el proper dissabte 17 de desembre oferirà l’Orquestra Simfònica del Vallès al Palau de la Música. O cliqueu aquí i accediu al programa complet i a una conversa amb Arthur Post -flamant director del concert- a propòsit d’aquesta música lleugera i sofisticada. Jo, estimats, vaig a acabar d’enllestir el meu vestit de setí!

Paterson

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Hay algo en Paterson, el protagonista de la película de Jarmusch -un conductor de autobuses, exmarine y poeta-, de labrador, de hombre de campo: esa perpetua rutina a través de la que avanza su vida y la película que aquí carece de cualquier connotación negativa, al contrario, parecería que es la que le permite observar la vida y sus ritmos. Jarmusch ha construido un precioso “cuento de Navidad”, una película tan espiritual (que no religiosa) como cotidiana. Y pienso que nuestras vidas, no por elección cada vez más caóticas, nos alejan de la posibilidad de sentir ese discurrir del tiempo y sus mutaciones, haciéndonos sentir simplemente viejos y vacíos. En fin, queridos, es domingo por la tarde…

Por una filosofía literaria

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La prosa:

esta palabra no significa solo

un lenguaje no versificado;

significa también el carácter concreto,

cotidiano, corporal, de la vida.

MILAN KUNDERA

 

A modo de clave musical, las palabras de Milan Kundera que abren La prosa de la vida, segundo volumen de los Fragmentos filosóficos de Joan-Carles Mèlich, sitúan al lector en el preciso lugar desde el que él elabora su “filosofía antropológica de la finitud”, que es también una filosofía literaria o prosaica. Sostiene este escritor y filósofo, lector apasionado, que la tradición filosófica occidental, de Parménides a Hegel y el positivismo, ha sido mayoritariamente metafísica: una filosofía esencialista, convencida no solo de la existencia de conceptos absolutos o universales, del bien al deber, sino de nuestra posibilidad de conocerlos.

Joan-Carles Mèlich en blog Eva Muñoz

Frente a la metafísica (germen del pensamiento totalitario), Mèlich defiende una filosofía literaria, pues es precisamente ésta la que comprendería el carácter finito, corporal y concreto, contingente de nuestra existencia. Una filosofía que reivindica una tradición que va de Heráclito y Sófocles hasta Nietzsche y Dostoievski, pasando por Cervantes y Shakespeare, y continúa con Kafka, Thomas Mann, Virginia Woolf o Marcel Proust. Y es que es en la obra de estos autores (y en las obras de arte en general), donde con frecuencia encontramos más verdad acerca de la naturaleza finita de nuestra existencia, de la muerte y del paso del tiempo o de la justicia. Y más consuelo. Entre el poema y la meditación, Mèlich prosigue en este segundo volumen de sus Fragmentos una conversación con los libros y con los lectores, con los vivos y con los muertos, acerca de algunos de los asuntos que ocupan el centro del debate filosófico. Una reflexión a partir de la literatura y contra la metafísica, acerca de qué significa, en qué se traduce, el carácter finito de nuestra condición y, en concreto, qué ética dibuja; que se detiene en cuestiones como la memoria, la tecnología o la educación, la compasión y el daño, y que llega hasta el presente: “[…] No hay arte, sino técnica. No hay vida ni existencia, solo identidad y ser, un exceso de ser”.

Tras esa instantánea, que parece describir un paisaje arrasado por la luz de los flashes, el libro se cierra con una meditación sobre una pintura de Goya que ofrece el consuelo y la narración de un acto ético, y es uno de los fragmentos literarios (y filosóficos) más bellos y conmovedores que esta periodista ha leído últimamente.

(Publicado el 19 de noviembre en el suplemento Cultura/s de La Vanguardia.)

doctor-arrieta en blog Eva Muñoz

 

Michael Feinstein canta Sinatra

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Michael Feinstein en blog Eva Muñoz

Strangers in the Night, My Way i altres de les cançons que va popularitzar Frank Sinatra sonaran aquesta nit al Palau de la Música en la veu del gran crooner contemporani Michael Feinstein, que cantarà acompanyat per la Simfònica del Vallès dins d’un programa que també inclou obres de Bernstein i Copland. A proppòsit d’aquest concert vaig parlar fa pocs dies amb Joan Anton Cararach, director artístic del Festival Internacional de Jazz de Barcelona, dins de la programació del qual s’inscriu el concert.

Podeu accedir a l’entrevista i el programa complet del concert aquí.

 

 

Otra mujer

Otra mujer en blog Eva Muñoz

SUCEDIÓ un día de junio hace algo más de una década. Leía el periódico en un bar y, de pronto, reconocí a la mujer de espaldas en la fotografía: era yo, pero yo no era la protagonista de la noticia. Sencillamente estaba allí y la fotógrafa decidió que ocupara el centro del encuadre. Recorté la foto y la tengo junto a mi escritorio. Aún hoy, cuando me veo, creo ser otra.

Heridas de melancolía y de belleza

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a_quiet_passion en blog Eva Muñoz

El agua se aprende por la sed;

la tierra, por los océanos atravesados;

el éxtasis, por la agonía.

La paz se revela por las batallas;

el amor, por el recuerdo de los que se fueron;

los pájaros, por la nieve.

Emily Dickinson

 

La belleza de A Quiet Passion (Historia de una pasión) hiere. Heridas de imposibilidad de absoluto y de melancolía. Así están las mujeres de A Quiet Passion. Así están Emily Dickinson y su madre: una presencia, la de esta última, que en su casi mudez, casi habitante del mundo de las sombras o de los muertos, me parece determinante. Y hay un momento en que habla que es para mí crucial: cuando evoca la maravillosa voz de aquel muchacho que murió a los diecinueve años y cantaba en la iglesia. Se diría que aquella mujer quedó anclada en aquel instante. Su emoción, su hálito vital, ella entera, quedó allí, y lo que sigue entre los vivos es apenas una cáscara… Desconozco absolutamente la intención de Terence Davies. No soy más que una lectora reciente y aún poco conocedora de Dickinson. Pero para mí ahí reside la clave de la película, ese es el momento que me permitió entender el drama de esas mujeres, de Emily, de su madre: la imposibilidad de absoluto, sea este Dios o el Amor. Su ausencia en esta vida. O, tal vez, su evanescencia, su estado de perpetua promesa, su pertenencia a un tiempo que nunca es presente… y la consiguiente melancolía que en ellas, en ella, Emily, un ser extremo, deviene insoportable. Más aún cuando se ha confinado a todas esas mujeres fuera del cuerpo (a toda la sociedad, en verdad, pero siempre es en ellas en quienes recae la responsabilidad de velar por el mantenimiento de la cosas: el hogar, las normas, la cultura…), pues aunque los misterios del amor (o los de Dios) son del alma, “un cuerpo es el libro en que se leen”.

Ellas dos, madre e hija, son el otro rostro del imperio de la ley del padre: ese mundo victoriano, ascético, aplastado por el absoluto de Dios, de la ley, del rigor, que pretende contener las pasiones y el cuerpo, donde residen, para contener un mundo que se desborda… para que toda la energía sea trabajo y loa a Dios y a la Ley en su perpetua reproducción. Emily es plenamente consciente de las grietas, de las más hondas, por las que se cuela la intensa llama que alumbra su poesía, pero es difícil sostener tanta melancolía…

Acostumbrados a un dibujo simplificador que sitúa a la poeta mucho más en la esfera del padre que en la de la madre, como una solterona mística y contenida, ajena a las pasiones del mundo, constituye un hallazgo la mirada de Terence Davies. Porque ella ardía de amor, de un amor carnal y real que la fundía a ella toda en espíritu.

A propósito de L’Avenir

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L'Avenir en blog Eva Muñoz

Sin dramatismo, sin énfasis, pero con extraordinario cuidado, así es la manera de narrar de Mia Hansen-Love la vida de su protagonista: una mujer que, a los cincuenta años, se enfrenta (en verdad no hay “enfrentamiento” por su parte, sino vivencia) a la pérdida, a sucesivas pérdidas. Un vuelco de su mundo. La película propone (constituye) una reflexión existencial en un “tono menor”, con sencillez, sin frases lapidarias de ningún género. Y, no obstante, no deja de destilar dolor… y aceptación, que no conformidad. Me parece determinante que la protagonista (una espléndida, of course, y extraordinariamente convincente Isabelle Huppert) sea una mujer, y no un hombre, pues en este mundo que es el nuestro, es sustancialmente distinta la experiencia del mundo de uno u otra en ese momento de la vida en particular, y ese es sin duda uno de los elementos distintivos y más interesantes de la película. No hay queja al respecto, sino pura elaboración. En fin, si alguna crítica he de hacer al film es tal vez el excesivo equilibrio de su protagonista (por estos barrios somos un poco menos templadas). Pero la recomiendo vivamente si no se ha caído del cartel este viernes. Por cierto que el plano secuencia que cierra la película, me parece toda una lección de lenguaje cinematográfico.