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Ayer publiqué una reseña en el Cultura/s de La Vanguardia a propósito del libro Clowns. Una figura arquetípica, de Constantin von Baloewen (Kairós). Una indagación acerca de esa figura arquetípica, grieta y punto de fuga imprescindible en cualquier sociedad. Algo somero en su alcance, el libro intensifica su tono poético conforme avanza y el tema es fascinante. El artículo quedó bonito. Podéis leerlo íntegro más abajo. Hoy sigo con Rasputín (y otras cosas menos interesantes pero por las que también me pagan). Buen domingo!

clowns_en_blog eva muñoz

“¡DÉJALOS! Si no hubiera locos en el mundo, ¿qué sería de él?”. Goethe lo comprendió. En cualquier sociedad organizada, tan necesarias como las normas son las fisuras, los puntos de fuga. De otro modo, se corre el riesgo de estallido, violento. Por ello, cualquier sociedad genera necesariamente antagonismos para mantener su, digamos, equilibrio homeostático. No siempre los tolera, desde luego, porque el reequilibrio conlleva un desequilibrio previo… o definitivo, y la pérdida de control genera ansiedad y miedo. Hay una amplia suerte de grietas y antagonistas: el loco, el juego, el “pensamiento salvaje” (aquél que no establecía una radical cesura entre ciencia y arte, según lo expresaba Lévi-Strauss)… el clown. Todos comparten un mismo territorio intermedio, una tierra de nadie y sin embargo de todos, plenamente conectada con la realidad pero también con lo inmanente o con “lo divino”… El clown aparece pues como un arquetipo imprescindible. Sin él, mucho antes nos habríamos aniquilado.

De ahí que el antropólogo e historiador de la cultura Constantin von Barloewen se acerque a esta figura, y lo haga atravesando épocas y culturas, analizando sus características en las sociedades primitivas y en el seno de la cultura occidental, en tiempos sacralizados y desacralizados; que observe fenómenos de alto contenido político como la Fiesta de los Locos o las Sociétés Joyeuses… porque la clownerie es subversión, insumisión, contra-razón, pero también compasión, empatía… elemento que se acentúa en la modernidad, el hombre ya expulsado de todo orden cósmico, de todo orden cotidiano incluso, ya todo tiempo indistinguible y sin fisuras ni transiciones. Ahí, frente a ese hombre desamparado, el clown abre resquicios para la distinción, para la risa, por supuesto. Un clown que es hoy más trágico y menos grotesco… El autor revisa también, cómo no, el clown en la literatura y en el arte, en el cine, en el teatro, y rinde tributo a algunas de sus más destacadas figuras.

Todo ello en un texto de notable fuerza poética que contiene momentos tan bellos y certeros como éste, en el que aproxima así una descripción del fenómeno: “atesorar instantes, no devenir víctima, volver expresivos los cuerpos […]”. El clown como tierra de nadie imprescindible, insumiso, punto de fuga… como el loco, como los amantes entregados, todos ellos hermanados en esa Société Joyeux transfronteriza.