Las nuevas voces del feminismo

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ALGO SE ESTÁ MOVIENDO. Entre las novedades de cualquier librería es fácil encontrar últimamente algún ensayo feminista. También en librerías, carteleras de cine o centros de arte, la presencia de obras firmadas por mujeres ha dejado de ser algo anecdótico y su trabajo empieza a ser recibido no como una excepcionalidad o como una obra femenina, sino como la obra de una autora, mujer, sí, e imbricándose en el discurso general. Y si la cultura, además de construirnos, la construimos nosotros, ¿cómo no habría de cambiarla el hecho de que el discurso público esté empezando a poblarse de voces de mujeres? Porque la cosa va de voces, como señalan Mary Beard y algunas otras.

Mary Beard en blog Eva MuñozReportaje publicado en el Cultura/s de La Vanguardia el 24 de febrero de 2018

MARY BEARD: GÉNERO Y DISCURSO PÚBLICO
Un gesto y, sobre todo, una voz: la de Telémaco reprimiendo a su madre Penélope cuando ésta hace oír su voz en público. Un acto, este silenciar el discurso público de las mujeres, escribe Mary Beard (Much Wenlock, 1955) que aún hoy, en pleno siglo XXI, “se repite con demasiada frecuencia”. En su reciente ensayo Mujeres y poder, esta catedrática de Clásicas en Cambridge, divulgadora y figura referencial y personalísima del feminismo contemporáneo, parte de una de las obras fundacionales de la cultura occidental, La Odisea de Homero, para rastrear los orígenes de la misoginia moderna.

Y es que, explica la profesora británica, desde el momento en que el poder deja de residir en la fuerza bruta, el atributo definitorio de la masculinidad, al menos entre los hombres libres, pasa a ser la voz o, más precisamente, el discurso público. Por eso, desde ese momento, despojar a las mujeres de poder y mantenerlas en el ámbito doméstico, equivale a silenciarlas públicamente. Y La Odisea, que además de las gestas de Ulises es el relato de cómo Telémaco madura y se hace un hombre, contiene en su arranque lo que pretende ser un mensaje muy preciso para hombres y mujeres: quién tiene y quién no tiene derecho a hacer oír su voz. Y, en consecuencia, quién tiene, o no, autoridad y autonomía.

Mary Beard analiza la relación entre poder, discurso público y voz masculina a través de algunas de las obras fundacionales de la cultura occidental.

La autora prosigue su estudio analizando otras obras de referencia de nuestra cultura en distintas épocas y las pone en relación con situaciones actuales en las que el discurso público de las mujeres es silenciado o trata de silenciarse en los medios y en las redes sociales. Una indagación que no es ajena a su propia experiencia, pues su excelente tarea como divulgadora del mundo clásico en la BBC le costó ataques furibundos en los medios y las redes que, por cierto, nada tenían que ver con su competencia académica o comunicativa sino con su aspecto. Y es que Beard es una voz tan autorizada como desacomplejada y liberada de estereotipos: ni guapa, ni sexi, ni masculina. Todo lo cual, como su humor e inteligencia, resulta profundamente subversivo.

Señala usted el discurso público como el atributo definitorio de la masculinidad.
Sí, tan atrás como nos remontemos, encontramos una relación clara entre mujeres silenciosas o silenciadas y hombres portadores del discurso. La cultura occidental representa la mujer callada, y eso es algo que debemos confrontar.
¿Hay una conexión entre Telémaco haciendo callar a su madre y las formas contemporáneas de ignorar el discurso femenino?
En efecto. Para mí fue una conmoción ver, en algunos de los primeros ejemplos de la literatura occidental, a mujeres siendo acalladas por hombres. Durante tres mil años se nos ha transmitido la idea de que las mujeres deben callar.
Cuando las mujeres quieren ser tomadas en serio, con frecuencia adoptan atributos masculinos.
Carecemos de modelos femeninos de poder o autoridad. Por ello, cuando una mujer quiere tomar posiciones de poder adopta un estilo masculino, como vestir pantalones o un tono de voz grave, es lógico. Me gustaría que fuéramos capaces de derribar ese estereotipo masculino acerca del aspecto del poder. ¿Ponerle faldas, quizá?
¿Debemos redefinir el poder para que las mujeres tengamos espacio en esa esfera?
La lógica me parece evidente. Si las mujeres no encajan en la actual estructura de poder, debemos cambiar la estructura del poder, no a las mujeres.
El número de mujeres que participa hoy en el discurso público es creciente. ¿Producirá esto un cambio en la percepción de la voz femenina?
Finalmente contribuirá a ello, ¡pero no sé si lo suficientemente rápido para mí! Tengo 63 años ¡y lo quiero ya! Aún veo muy pocas mujeres como directoras de museos o en el parlamento, y creo que todavía hay mucho trabajo que hacer.
Con el crecimiento de movimientos como el “Me Too”, hay hombres, y mujeres, que denuncian un incremento de la corrección política…
No creo que haya más oposición de la que siempre ha habido. Siempre se produce algún tipo de reacción.
¿Es usted feminista?
Por supuesto. Nunca he pensado que pudiera ser otra cosa. Quizá deberíamos debatir acerca de qué feminismo hablamos… pero sí, desde luego, y una feminista orgullosa de serlo.
¿Superar el patriarcado es hoy el único horizonte ideológico capaz de regenerar una humanidad autodestructiva?
Me gustaría superar el patriarcado, ¡pero tengo unas cuantas cosas más en la lista!

OTRAS VOCES, OTROS ÁMBITOS
LAURA BATES
De una generación posterior a Mary Beard, la autora de Sexismo cotidiano ha trasladado al papel una experiencia que arrancó en 2012, cuando creó la web Everyday Sexism Project, donde la gente podía compartir sus experiencias de machismo diario. Tres años después de su creación, el proyecto de Laura Bates (Oxford, 1986) había superado las 100.000 entradas, convirtiéndose en un acontecimiento viral y un gran compendio de la misoginia moderna. Lo que en Beard es un análisis de nuestra tradición literaria en clave de género, en Bates es un examen de la comunicación contemporánea desde esa perspectiva, que le sirve para poner en contexto los relatos que le han hecho llegar mujeres de todo el mundo, edad y condición y dan cuenta de un machismo perfectamente instalado y normalizado en nuestra cultura.

Su web Everyday Sexism Project sirvió a Laura Bates para dar voz a mujeres anónimas del mundo entero y realizar un amplio compendio de la misoginia moderna.

El trabajo de esta escritora que anteriormente ejerció de niñera y actriz no pretende erigirse en análisis cuantitativo o en prueba fiscal, pero no hay duda de su interés cualitativo y de la cantidad de datos útiles de los que ha hecho acopio. Su mayor valor reside sin embargo en dos aspectos. Primero, en llamar la atención de manera fehaciente sobre el hecho de que no por normalizado, el machismo haya desaparecido de nuestro entorno. Por el contrario, más allá de los abusos graves y lacerantes, nuestra vida cotidiana está llena de un sexismo que, por normalizado, opera de manera silenciosa, conformándonos y haciéndonos conformar. Segundo, al crear un espacio de comunicación en la red, esta milenial ha logrado conectar con las jóvenes y las adolescentes contemporáneas. Un hecho que parece fundamental a juzgar por algunas de las estadísticas y relatos que el libro recoge y que revelan por ejemplo que “el mayor deseo” de las niñas entre los 11 y los 17 años es “estar más delgadas”. Mientras esto sea así, el problema de las mujeres no es el “techo de cristal”, sino otro mucho más insidioso: hemos interiorizado la cárcel, somos prisioneras de nuestros propios cuerpos.

PATRICIA MERINO
El proyecto político del feminismo se centra hoy todavía en el empoderamiento de las mujeres en el empleo y en la vida pública. Por eso, leyendo el título del libro de Patricia Merino (Bilbao, 1961) Maternidad, Igualdad y Fraternidad, habrá quien sospeche que no estamos hablando de feminismo sino de alguna otra cosa. Ciertamente, la maternidad no es ni obligatoria ni nuestro destino, el feminismo clásico lo dejó por fortuna claro, pero relegar la maternidad, ese hecho central de la vida humana, a los márgenes del discurso es en realidad hacerle el juego al patriarcado, denuncia la autora, pues “es precisamente en las dependencias y vulnerabilidades originadas en la maternidad donde éste enraíza”. Y la solución no puede ser obviar la cuestión sino, por el contrario, poner la maternidad en el centro del debate y, de una vez por todas, reconocer a la madre como sujeto político.

Solo poniendo la maternidad en el centro del debate feminista y reconociendo a las madres como sujeto político superaremos el patriarcado, sostiene Patricia Merino.

En su libro, Merino cuestiona la representación que desde el feminismo beauvoiriano y las posiciones constructivistas se ha hecho de la maternidad, teñidas de misoginia la una y de un culturalismo extremo la otra, que niega la dimensión biofísica de la maternidad y su trascendencia. La autora también reflexiona acerca de los conceptos de “trabajo” y de “empleo”, reclama la equiparación del trabajo productivo y reproductivo y explora el modo en que encaja la maternidad en las diversas sociedades europeas actuales y cómo en cada una de ellas se socializa la crianza. Una reflexión que se antoja fundamental en nuestras sociedades posfamiliares y poslaborales, donde las profundas transformaciones del mercado de trabajo y las tasas crecientes de paro también obligan a cuestionar el binomio empleo-derechos sociales y de ciudadanía en que hasta ahora se han basado las sociedades industriales.

VIRGINIE DESPENTES
Hablemos claro: he venido a recomendaros algunos libros imprescindibles, de esos que os pueden cambiar la vida. Y eso es exactamente lo que puede hacer un libro como la Teoría King Kong de Virginie Despentes (Nancy, 1969), que puede reconciliaros con quienes sois con la contundencia de un puñetazo y emocionaros con un arranque tan poco sospechoso de sensiblería como este: “Escribo desde la fealdad, y para las feas, las viejas, la camioneras… ”. Pero, queridas, las que sabemos algo o estamos dispuestas a descubrirlo, sabemos que lo verdaderamente conmovedor en esta vida es la verdad desnuda.

El discurso de Virginie Despentes es un cuestionamiento radical de las asunciones políticas, estéticas y sexuales en las que se sustenta el patriarcado.

El de Despentes es un cuestionamiento radical de muchas de las asunciones estéticas, políticas y sexuales sobre las que se asienta nuestra sociedad patriarcal y es, por ello, profundamente liberador, y perturbador. Empezando por ese “ideal de la mujer blanca, seductora, que nos ponen delante de los ojos [y que] es posible incluso que no exista”. ¡Bingo! Son fundamentales algunos capítulos y reflexiones, como su lectura de la seducción femenina, ese “vestirse de puta” como forma de disculparnos por nuestra inteligencia y enviar el mensaje tranquilizador de que seguimos jugando al juego que se espera de nosotras, o su análisis a contracorriente de la violación o la prostitución, donde la autora parte de su propia experiencia y elabora desde ahí su discurso, una dinámica narrativa que encontramos a lo largo de todo el libro. Escrito en 2006, es todo un acierto su reedición doce años más tarde, con traducción de Paul B. Preciado, y no hay duda de que sigue estando plenamente vigente.

CHIMAMANDA NGOZI ADICHIE
En este coro de voces, sería fácil dejarse llevar por la tentación de etiquetar a Chimamanda Ngozi Adichie (Enugu, 1977) como la “voz periférica”, pues nació y creció en Nigeria, donde sigue residiendo parte del tiempo, además de en Estados Unidos, o como “feminista pop”, pues en efecto es un personaje público extraordinariamente popular (tanto como pueda serlo un escritor que además es mujer y negra) y algunas de sus frases más célebres han sido llevadas a la música por Beyoncé o estampadas en camisetas Dior. Lo que sí podemos decir de Adichie es que es capaz de expresar con extraordinaria sencillez asuntos complejos y su discurso está lejos del intelectualismo dominante en los discursos feministas más tradicionales y emparenta con su narrativa, “yo soy una contadora de historias, me interesa la textura de la vida, no las teorías”, dice.

Chimamanda Ngozi Adichie expresa con sencillez asuntos complejos y pone el acento en la educación y en nuestra acción cotidiana.

Todos deberíamos ser feministas, un librito que recoge una conferencia pronunciada en 2012, contiene observaciones de gran sencillez pero enorme calado y se ha convertido en todo un clásico del feminismo contemporáneo. La autora reclama un mundo distinto y más justo y sugiere cuál es la forma de empezar: “tenemos que criar a nuestras hijas de otra forma. Y también a nuestros hijos”. Una idea que ha desarrollado en su más reciente Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo, que contiene propuestas tan simples y valiosas como la sugerencia de no llamar “princesas” a las niñas (pensadlo bien), enseñarles que lo más importante en esta vida es ser honesto con uno mismo, no gustar o complacer a los demás, o que los matrimonios son felices o desgraciados, pero en ningún caso un logro. Recomienda también la autora acostumbrar a los niños a leer (incluso mediante soborno) y enseñarles a cuestionar el lenguaje, y en ningún caso pretender que ellas son mejores que ellos, pues es otra trampa: la bondad femenina es tan frecuente como la maldad. Espléndida novelista, más allá de estos breves ensayos, el discurso de Adichie está comprendido en una narrativa cuyas protagonistas son con frecuencia mujeres jóvenes que tratan de construirse una identidad (siempre múltiple) y una vida propia con inteligencia, energía y humor.

JESSA CRISPIN
El feminismo está de moda. Ya no es un movimiento político sino un estilo de vida, un producto más y, como tal, ha perdido su capacidad crítica y su poder transformador. Esa es la tesis de la periodista, escritora y crítica literaria Jessa Crispin (Kansas, 1978), autora de Por qué no soy feminista. Un manifiesto feminista, un análisis ácido y lúcido tanto del patriarcado como del feminismo contemporáneo. Con la voluntad de resultar aceptable para todos, dice la autora, el feminismo se ha vuelto inofensivo. Y así se ha pasado de la crítica a la etiqueta y la denuncia, una deriva que para Crispin no es ajena a la sustitución de la sociología por la psicología y de la política por la moda que opera en nuestras sociedades contemporáneas.

Jessa Crispin se muestra tan crítica con el patriarcado como con un feminismo que en su voluntad de universalizarse ha perdido su capacidad transformadora y ha devenido moda.

“Los obstáculos y desigualdades reales a los que se enfrentan las mujeres afectan en su mayoría solo a las mujeres pobres; las de clase media y alta pueden comprar el acceso al poder y a la igualdad”, afirma la autora. El problema es el patriarcado, eso lo que hay que poner en cuestión y superar, concluye. Lejos de ello, el llamado empoderamiento no haría sino perpetuarlo, según Crispin, pues simplemente pretendería que algunas de nosotras podamos apropiarnos de una parte del pastel. Si bien la crítica principal de Crispin parece válida, cabría hacer un par de observaciones a su análisis. En primer lugar, que la clase media va camino de convertirse en producto de derribo, con una mayoría de nosotras a la cabeza. En segundo, aun estando de acuerdo en que gestos como enfundarse un fabuloso traje negro de Valentino en un cuerpo al servicio de los más caros mitos del patriarcado quizá no sea exactamente un acto ni radical ni liberador, ese gesto pone precisamente de manifiesto como la cosificación del cuerpo de la mujer es transversal social y económicamente, al igual que una cultura que lleva tres mil años silenciándonos a todas, de baja y alta cuna.

Fuera de los márgenes de este artículo quedan muchas otras voces que se están haciendo oír. Paulina Fariza publica F de Feminismos, un abecedario ilustrado al hilo del cual recorre algunos de los principales hitos, conceptos y retos del feminismo contemporáneo; Bel Olid expone también los conceptos clave de la lucha feminista actual en Feminisme de butxaca en tanto que Capitan Swing reedita la Autobiografía de Angela Davis, filósofa, feminista y mítica activista afroamericana… Imposible dar cuenta aquí de todas las novedades, pero el fenómeno editorial es el reflejo de un movimiento político que ha vuelto al centro del discurso.Nuevas voces del feminismo en blog Eva Muñoz

 

Audaces cuentos de hadas

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Angela Carter en blog Eva Muñoz

Publicado en el Cultura/s de La Vanguardia (26/08/2017).

UNA LIBERADORA VERSIÓN de Barbazul. Y terrorífica, con una progresión narrativa digna de un maestro del suspense. La más gamberra y deliciosa versión de El gato con botas. Sensuales, violentos y melancólicos cuentos de lobos y de vampiros. Inquietantes las más de las veces. Sorprendentes siempre. Y dotados de un magnífico estilo (¡bravo por el traductor!), elaborado, barroco pero extraordinariamente preciso: ni una palabra de más. Así son los cuentos de la escritora y periodista británica Angela Carter (1940-1992), una grande de la narrativa inglesa de la que Sexto Piso reedita uno de sus volúmenes más destacados, La cámara sangrienta, en una preciosa edición que cuenta con las bellísimas ilustraciones de la chilena Alejandra Acosta (1975).
Angela Carter se acerca a los cuentos de hadas de la tradición europea con el espíritu audaz de sus heroínas. Con curiosidad, irreverencia, frondosa imaginación y una extraordinaria libertad creativa. Altera finales y conclusiones, reescribe, mezcla fábulas. Desde lo que hoy llamaríamos una perspectiva de género, liberando a las mujeres de arquetipos limitadores, pero yendo mucho más allá. O, desde ahí, desde esa libertad, adentrándose en las fuentes del deseo, en su naturaleza ambivalente, en el subconsciente, que no siempre arroja visiones complacientes o comprensibles. Y es que los relatos de Carter no responden a una lógica cartesiana sino a la lógica simbólica y poética de los mitos y cuentos.
Fábulas que son también puro divertimento, exploración de los mecanismos o modos narrativos, entre el relato gótico, en la mejor tradición de Poe o Hoffmann, y la narrativa erótica; entre la lógica narrativa más clásica, como “La cámara sangrienta” que da título al libro, deslumbrante, y la más poética, casi diría que plástica o performativa, pues “Lobalicia”, bellísimo, se me antoja un ballet. Las niñas, mujeres y adolescentes que protagonizan los cuentos de Carter son audaces y de corazón puro, del que brota su fuerza y su valor. No son cuentos ingenuos. Están en las antípodas de la corrección política. Pero la curiosidad no resulta penalizada y la feminidad es vibrante y activa, no mero reflejo y expectativa.
Un libro, como rezan algunos juegos educativos, para lectores de 12 a 99 años. Un clásico contemporáneo.

Regreso (o Ir sola al cine)

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Natalia Ginzburg en blog Eva Muñoz

Hay un generoso proverbio, yogui, creo, que dice que no importa cuántas veces te pierdas, lo importante son las veces que eres capaz de regresar.

El aire, fresco, parece tan leve, hoy.

El mar de un azul lechoso, algo turbio, en la orilla y color turquesa después, un milagro doméstico, en la Barceloneta. Me veía el cuerpo bajo el agua, que se movía como en un latido inmenso. Las cosas ocupando su lugar. La gravedad sólo en la tierra.

La otra tarde sobre la bicicleta, camino al cine. También el tiempo era grato, y leve, y todo lo demás afirmado.

Amo ir sola al cine. La primera vez que fui sola al cine tenía dieciocho años. Fue al cine Capsa. No recuerdo el título de la película, aunque sí que era francesa y que había una relación entre un adolescente, el protagonista, y una mujer madura (¿quizá su profesora?) en los años cincuenta, ¿quizá en alguna excolonia? La película, de la que recuerdo sobre todo la luz, me gustó. La experiencia de acudir sola al cine me pareció fascinante. Nunca he abandonado esa afición, que jamás me ha traicionado ni me ha decepcionado. He compartido maravillosas sesiones de cine con algunas amigas o amigos, con amantes, con parejas… Recuerdo estallar en carcajadas de forma totalmente extemporánea al inicio de un drama, con E. Por supuesto, he olvidado el motivo. Quizá por el drama. Recuerdo en especial desternillarnos de risa con una película reciente, también francesa, también un mes de agosto, una película extraña, entre la astracanada y el drama, y ser las únicas que nos reíamos en la sala, exageradamente, sin poder parar, como si tuviéramos la edad de los protagonistas adolescentes de la película… Uno nunca se ríe así en solitario, es cierto… Recuerdo, cómo no, la felicidad de compartir películas con mi hijo y conservo, sé que conservamos, sesiones memorables, como la mañana en que descubrimos juntos, este invierno pasado, Eduardo Manostijeras, o modestas pero inolvidables sesiones domésticas, como aquella en la que vimos El viaje de Chihiro o Los niños lobo… Y por supuesto descubrir que le gusta Cantando bajo La lluvia, Chaplin, Keaton… Sí, la noche en que me tumbó -¡qué felicidad, él resistió, yo no!- viendo El maquinista de la general

Pero vuelvo a esa otra tarde sola, sobre la bicicleta. La extraordinaria sensación de libertad de la tarde disponible. Ir con tiempo, mejor; entrar sola en un bar, tomar una cerveza, mirar. Mirar. Ocupar sola la butaca, acomodarme como si estuviera en los brazos de un amante siempre fiel, acogedor y disponible, mirar de soslayo o con descaro al resto de los ocupantes de la sala o no mirar a nada ni a nadie en absoluto, simplemente esperar a que se haga la oscuridad en torno, a esa seguridad a un tiempo fetal y festiva, al festival de luz y sonido estallando frente a ti, atrapándote, llevándote lejos, sorprendentemente tan lejos y tan cerca de ti al mismo tiempo… Porque sí, he vivido momentos de rara comunión, de milagrosa comunión leyendo y en interiores de museos, en estaciones de tren o en aeropuertos, en playas, campos, ciudades, ante la contemplación de obras de arte o inmersa en la vida… Recuerdo leer, ¡enferma!, La montaña mágica, no hace tantos veranos, y tantos otros libros… La otra tarde, un poema de Ferrater, en un bar… Pero la lectura es una amante mucho más exigente, debe hallarnos en una disposición de ánimo que uno no siempre tiene… El cine es el único que es capaz de hacerse cargo de mi dispersión, de mi disgregación, a veces, de mis caídas en agujeros más o menos profundos. Por supuesto, cuando llego a casa, leo, además de ver películas, y me salvo un poco más, o me voy de viaje y siempre vuelvo con las manos llenas… El otro día, releí este texto, a propósito de agujeros. Es un texto de la Ginzburg, una de mis escritoras favoritas, maravillosa, tan personal e inconfundible. Se llama A propósito de las mujeres y habla de agujeros, de esos agujeros en los que caemos nosotras. Sí, nosotras. No ellos. Un día, queridas, todas las que me leáis por aquí o fuera de aquí, a las que yo leo, tenemos que hablar de este texto, y de esos agujeros. Porque yo no sé exactamente qué cosas importantes tenemos que hacer, pero la vida, esta de ahora, este escrito, es importante. Sin duda.

Entra una hermosa luz a través de las puertas abiertas de mi balcón. Luz de sol que atraviesa nubes oscuras. Son las nueve de la mañana. Viernes.

La otra tarde, por cierto, en la sala oscura me esperaba Estiu 1993, de Carla Simón. Maravillosa película, maravillosa protagonista de la estirpe de la niña Ana Torrent, perfecta sensibilidad para capturar la complicidad infantil, la morosidad del verano… y ese estallido final.

Tomar un baño de mar en invierno

Barceloneta en blog Eva Muñoz

Tomar un baño de mar en invierno

Gritar de frío

Reír de pura energía que desborda

Sola

Apenas las gaviotas y los veleros

A lo lejos

Contemplar el skyline de Barcelona entre la calima

La curva del hotel que espejea

Como la estela del sol sobre el agua

Sumergirse en el haz de luz que penetra el agua

Alegría intensa e inmediata

Pura belleza cotidiana

Y salir y frotarse la piel que arde de frío

Y plantarse ahí, sobre la arena

Entre el mar y el viento

Y el sol, que ahora está alto

Como crecer de pronto varios centímetros,

Como si te estiraran de la coronilla

Como emerger de la tierra y cubrir todo el espacio hasta el cielo

No hay cesura

Una columna bien anclada a tierra

Y apostar por todo de nuevo

Extinguidos el desánimo y la tristeza

Y sentir que son ellas, no tú ni tu conciencia,

Las células de tu cuerpo y el impulso vital que las anima

Las que llevan las riendas.

Sea.

El clown: arquetipo imprescindible

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Ayer publiqué una reseña en el Cultura/s de La Vanguardia a propósito del libro Clowns. Una figura arquetípica, de Constantin von Baloewen (Kairós). Una indagación acerca de esa figura arquetípica, grieta y punto de fuga imprescindible en cualquier sociedad. Algo somero en su alcance, el libro intensifica su tono poético conforme avanza y el tema es fascinante. El artículo quedó bonito. Podéis leerlo íntegro más abajo. Hoy sigo con Rasputín (y otras cosas menos interesantes pero por las que también me pagan). Buen domingo!

clowns_en_blog eva muñoz

“¡DÉJALOS! Si no hubiera locos en el mundo, ¿qué sería de él?”. Goethe lo comprendió. En cualquier sociedad organizada, tan necesarias como las normas son las fisuras, los puntos de fuga. De otro modo, se corre el riesgo de estallido, violento. Por ello, cualquier sociedad genera necesariamente antagonismos para mantener su, digamos, equilibrio homeostático. No siempre los tolera, desde luego, porque el reequilibrio conlleva un desequilibrio previo… o definitivo, y la pérdida de control genera ansiedad y miedo. Hay una amplia suerte de grietas y antagonistas: el loco, el juego, el “pensamiento salvaje” (aquél que no establecía una radical cesura entre ciencia y arte, según lo expresaba Lévi-Strauss)… el clown. Todos comparten un mismo territorio intermedio, una tierra de nadie y sin embargo de todos, plenamente conectada con la realidad pero también con lo inmanente o con “lo divino”… El clown aparece pues como un arquetipo imprescindible. Sin él, mucho antes nos habríamos aniquilado.

De ahí que el antropólogo e historiador de la cultura Constantin von Barloewen se acerque a esta figura, y lo haga atravesando épocas y culturas, analizando sus características en las sociedades primitivas y en el seno de la cultura occidental, en tiempos sacralizados y desacralizados; que observe fenómenos de alto contenido político como la Fiesta de los Locos o las Sociétés Joyeuses… porque la clownerie es subversión, insumisión, contra-razón, pero también compasión, empatía… elemento que se acentúa en la modernidad, el hombre ya expulsado de todo orden cósmico, de todo orden cotidiano incluso, ya todo tiempo indistinguible y sin fisuras ni transiciones. Ahí, frente a ese hombre desamparado, el clown abre resquicios para la distinción, para la risa, por supuesto. Un clown que es hoy más trágico y menos grotesco… El autor revisa también, cómo no, el clown en la literatura y en el arte, en el cine, en el teatro, y rinde tributo a algunas de sus más destacadas figuras.

Todo ello en un texto de notable fuerza poética que contiene momentos tan bellos y certeros como éste, en el que aproxima así una descripción del fenómeno: “atesorar instantes, no devenir víctima, volver expresivos los cuerpos […]”. El clown como tierra de nadie imprescindible, insumiso, punto de fuga… como el loco, como los amantes entregados, todos ellos hermanados en esa Société Joyeux transfronteriza.

 

Amistad virtual avant la lettre: Tchaikovsky y Von Meck

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La relación entre la mecenas Nadezhda von Meck y Tchaikovsky es una de las más singulares y fascinantes de que tengo noticia. A lo largo de los catorce años en los que la mecenas sostuvo económicamente al compositor, intercambiaron centenares de cartas a través de las cuales forjaron una sólida amistad pero, por deseo expreso de ella, jamás se vieron, ni siquiera cuando coincidieron en la villa veraniega que ella poseía en Florencia. Lo cuento aquí, a propósito del concierto de la Cuarta sinfonía de Tchaikovski que sonará mañana en el Palau de la Música.

¿Ética maquínica?

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rosi-braidotti en blog Eva Muñoz

EL PARLAMENTO EUROPEO acaba de proponer una regulación a gran escala de los robots y máquinas inteligentes. El informe, según publicaba El País, propone regular temas como la responsabilidad civil y legal de los robots —especialmente en el caso de los coches autónomos—, la creación de una agencia europea encargada de ellos, la privacidad de los datos que almacenan, la inclusión de un código ético y la posibilidad de establecer un impuesto por utilización.

En este contexto, traigo aquí una entrevista con la filósofa Rosi Braidotti a propósito de su libro Lo Posthumano que publiqué el pasado noviembre en Revista de Occidente. La filósofa critica que la categorización ética de determinadas cuestiones con frecuencia enmascara un debate de fondo sobre las condiciones materiales y geopolíticas que están creando entidades como los drones o las redes computacionales.

¿Podríamos por favor detenernos un minuto a discutir las infraestructuras materiales, las inversiones de capital, la combinación de ciencia y economía, las relaciones geopolíticas que están creando los drones y las redes computacionales en primer lugar? ¡Son los principales ejes del poder en el mundo contemporáneo y la ética por sí sola no va a resolver los problemas!

En la entrevista, la filósofa aborda también las principales críticas que, a partir de los años sesenta y setenta, se han formulado al humanismo tanto desde movimientos sociales como el feminismo como desde la teoría postestructuralista, y de las que su libro hace una comprensiva y valiosa revisión.

La crítica al humanismo no es nueva, especialmente desde la izquierda del espectro político. (…) El «Hombre» no puede pretender representar a la humanidad toda porque ese «hombre» es una entidad específicamente determinada en cuanto a cultura, género, raza y clase: es europeo, macho y blanco.

En un momento histórico en que la crisis de lo humano es vista con aprensión cuando no con alarmismo, es estimulante encontrar a una pensadora que aboga porque esa pérdida de centralidad de lo humano -que Braidotti juzga más normativo que neutro- sirva para cambiar de paradigma hacia otro más complejo pero también más comprensivo e integrador, el único quizá capaz de salvar las brechas y las contradicciones que marcan nuestro presente y el futuro que se vislumbra.

Soy consciente de que gran parte de las modificaciones físicas y psíquicas que experimentan nuestros cuerpos responden a la lógica capitalista. Así es que sí reclamo la puesta en juego de determinados valores éticos, concretamente: que la experimentación sea sin ánimo de lucro, sujeta a la solidaridad transnacional, a la conexión entre especies y, por supuesto, a la justicia intergeneracional.

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Las oposiciones coexisten y estallan ante mis ojos: la epidemia de la anorexia y la bulimia y el hambre resultado de la pobreza se traducen en espasmódicas ondas de la expansión y contracción del peso de los cuerpos en diversos sectores de la población. En Los Ángeles hay clínicas dietéticas para mascotas del mismo modo que las hay para humanos. ¡Bienvenidos al capitalismo como esquizofrenia!

 

Tanztraüme

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Anoche fui feliz durante la hora y media que duró la proyección de Tanztraüme en la Filmo: un docu de Anna Linsel y Rainer Hoffmann que recoge la puesta en escena por adolescentes de 14 a 18 años sin experiencia de baile del proyecto de Pina Bausch Kontakhof. Un ensayo a través del cuerpo y la emoción acerca de las relaciones entre hombres y mujeres, el amor, la violencia, la fragilidad, la seducción… Cuánta emoción, belleza y creatividad! Arte ‘popular’ pero ‘exigente’ a un tiempo: la demostración fehaciente de que tal cosa es posible. La danza como experiencia artística autotransformadora y vivencial. Grande! Energético y contagioso. Cielos: algo así debería ser un servicio público!!

Weekend

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tapies_vilanova_en blog Eva Muñoz

Domingo

Así se llama la exposición de Oriol Vilanova en la Fundació Tàpies. Durante años, este artista conceptual ha acudido cada domingo al mercat de Sant Antoni o al rastro de la ciudad donde estuviera y ha comprado una postal. Vistas aéreas de paisajes montañosos, de puertos, de portadas de iglesias, de objetos decorativos de indudable gusto kitsch, de cisnes, de souvenirs… todas son souvenirs, también las puestas de sol, las naranjas, los zoológicos, los paisajes suizos en los que ondea la inequívoca bandera de ese país, los mandatarios… En total ha reunido 34.000 postales de las que expone 27.000, con las que ha cubierto las paredes de dos de los pisos de la fundación, todas situadas en vertical independientemente del sentido en que fue tomada la foto, organizadas por grupos cromáticos y temáticos.

Hay algo en la repetición del gesto del coleccionista, el orden o la pauta que confiere a cualquier vida, que he deseado siempre, quizá porque yo no soy así… También es posible que existan regularidades en mi vida perceptibles para alguien que esté fuera de ella.  Hoy percibo mi vida como un fluido. Y no hay desorden en los fluidos sino discurrir… El texto que presenta la exposición habla de ella como de “las ruinas de la sociedad del espectáculo”. Memoria y juego, registro yo. Porque por encima del orden y la repetición sobresale el juego, que indudablemente sigue unas reglas pero siempre es nuevo y admite todos los comienzos y conclusiones. Y fugas.

metalocus_peterhujarmapfre_en blog Eva Muñoz

A apenas unos pasos de allí, la exposición de fotografía de Peter Hujar en la Fundación Mapfre es en cierto modo la antítesis de la de Oriol Vilanova. Leo que en su última exposición en vida, en 1986, Hujar expuso setenta fotografías muy juntas y en dos filas componiendo una suerte de friso, de modo que no hubiera dos fotos con el mismo motivo juntas (retratos, naturalezas muertas, paisajes, animales…). El artista pretendía así “minimizar la tentación del espectador de comparar y buscar diferencias”, pues “más que servir como variaciones sobre un asunto común, todos y cada uno de sus temas tenían un papel original, único”. Y lo cierto es que no importa si lo que está ante el objetivo del fotógrafo es una vaca, un edificio, una silla sobre la que se ha dejado una manta o una persona mirando a cámara de frente o, como es muy frecuente, desde la horizontalidad de una cama o un colchón: todos tienen el mismo peso específico, la misma incuestionable entidad. Las fotografías de Hujar tienen, como sostiene A.,  una “solidez” que las distingue, que el fotógrafo reconoce en los sujetos y las cosas y captura y definitivamente ancla a tierra. A mí se me hace evidente también que Hujar es un outsider genuino e irremediable, un raro, un solitario, alguien que va por libre porque no sabe hacerlo de otro modo, ajeno a escuelas y movimientos. Y su singularidad y ese peso específico que sabe hallar en todo aquello que mira sacándolo por un instante y para siempre de la corriente del tiempo, hacen de su fotografía algo realmente muy bello. Como la paz que comunican algunos de sus retratados. Susan Sontag nunca desprendió esa beatitud ni estuvo tan bella.

Domingo, 14.20 h. Hace viento fuera de la Fundación Mapfre. Viajo de pie en el vagón de metro, con la espalda apoyada en una de las barras centrales. La vista sobre los hombros del resto de los viajeros y la profundidad del vagón me producen la sensación de tener ante mí un sistema montañoso y por unos minutos no necesito nada, no pienso nada, contemplo a la muchedumbre como si contemplara un paisaje. Antes, miro insistentemente a un chico joven frente a mí, sus gafas geométricas estilo decó y sus piercings capturan mi mirada… Pienso en Hg. Me gustaba escribirle y recibir mensajes obscenos en el metro, rodeada de desconocidos. A él también.

Sontag_hujar_blog Eva Muñoz

Sábado

Es fascinante escuchar y ver tocar a Fazil Say, que actúa con la Simfònica del Vallès en el Palau de la Música. Primero Silence of Anatolia, una composición suya. Qué papel el de Rubén Gimeno, el director, pienso, qué difícil, porque el pianista genial manda mucho y dirige a la orquesta desde la banqueta. Y no sólo su obra, poderosa, atmosférica, también el concierto para piano de Mozart, el núm. 23 en La mayor, que hace suyo como si de otra de sus obras se tratara, y realmente es una felicidad escucharlo y es perceptible en el auditorio. Dice F. que tiene cara de psicópata. Bromea. Pero tiene cara de loco, de trance, cuando actúa.

En la fiesta miro al hombre guapo apenas unos metros delante de mí. Es obviamente guapo, y su expresión soñolienta, sexy, el cuerpo con algunos kilos de más es deseable, no sé si porque él tiene menos de cuarenta años o porque soy yo quien tiene más de cuarenta (cuando era muy joven me gustaban flacos), y ese acento… que inevitablemente asocio a mi amante reciente. Pero, ¿qué dirá la princesa al abrir los labios?